martes, 23 de febrero de 2010

Cuero negro con besos rojos (I)

El viaje a Santiago no es largo, solo un par de horas en autobús que se estaban haciendo eternas con el tiempo. Acomodado en mi resignada posición del asiento mi único entretenimiento posible es observar por la ventanilla mientras mis pensamientos fluyen, imaginando situaciones, recordando charlas.... sin foco ni sentido, solo dejándose llevar.

Llueve.

Finas gotas de agua se estrellan contra la ventana mientras mi cabeza se acomoda contra el cristal con la mirada perdida en el horizonte mientras intento ordenar mis pensamientos, mis párpados, derrotados, piden un receso y lentamente la oscuridad y el olvido me envuelve. Escucho incesantemente la lluvia contra la ventanilla

Maldita lluvia.

Un súbito cabeceo me devuelve al mundo real, ha pasado casi una hora y sigo pensando que hacer o decir al llegar. No se me ocurre nada nuevo o ingenioso, me surgen mil ideas, a cada cual mas absurda, despues de todo soñar es gratis. La más absurda y peregrina es una en la que no hay palabras, simplemente nos veremos, nos lanzaremos el uno a por el otro y haremos el amor alli mismo, dejandonos llevar...

Que bueno es soñar en ocasiones, y que irreal.

Oscuridad de nuevo.

Un leve traqueteo me sobresalta y me saca de mi enajenación onírica, ya estoy en Santiago y el autobus está realizando las maniobras para aparcar. La gente se levanta y comienza a sacar sus equipajes de mano mientras pugna por salir cuanto antes.

Me revuelvo en mi asiento, no tengo prisa. Me empieza a entrar un sudor frio mientras observo el movimiento de la gente. Empiezo a estresarme pensando en que me voy a encontrar, la incertidumbre me deja la boca seca. Ojeo la ventana para intentar evadirme, o tal vez para buscar una cara conocida que me apacigüe. No observo nada, solo la lluvia.

Maldita lluvia.

La gente baja y me quedo solo, desciendo las escaleras mientras la lluvia me cubre, está fria. Echo una carrera y me pongo al abrigo del soportal de la estación mientras sacudo un poco la ropa. Jodida lluvia....

Nerviosamente comienzo a buscar una cabellera rojiza mientras mi corazón se acelera, no encuentro nada. Plantón, vaya, eso no lo esperaba.

Decepción.

Decido sentarme en un banco para meditar mis opciones, suelto el aire relajado mientras observo el suelo, extrañamente me siento ¿aliviado?.

De repente frente a mis ojos aparecen unos zapatos negros. Alzo la vista despacio y veo a una chica que no reconozco, una mujer vestida con una minifalda negra y cubierta con una blazer de cuero negro ceñida a su cintura con un ancho cinturón, todo con muchas cremalleras. Sus rasgos faciles están parcialmente ocultos por unas gafas oscuras y anchas que contrastan con sus labios rojos. Su pelo y lacio parece perfectamente cortado en un flequillo perfecto. La desconocida permanece alli de pie, observandome mientras mi expresión de sorpresa se hace evidente.

Entonces ocurre. Con un suave movimiento descendente de su mano combinado con un gesto oblicuo de sus labios ella desliza brevemente sus gafas esbozando una sonrisa, dejando al descubierto sus ojos verdes, y entonces, solo entonces nuestras miradas se encuentran y la lluvia ya no cae.

No necesito decir nada, su mirada lo dice todo, el deseo, el placer, su cuerpo, el mio.... En ese fugaz momento de una breve inmensidad viene a mi cabeza todas nuestras charlas, su cuerpo desnudo al que ansío darle placer, el mio que deseo que recorra... y su voz, trato de recodar el tono meloso, sensual y sexual de su voz, sus gemidos.... sus peticiones de que la follara con fuerza mientras llegaba al orgasmo.....

En ese infinito momento, en ese parpadeo ya no me importa para nada la lluvia, porque ella está alli.

Y entonces pasa.... (continuará)